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EL HERPES GENITAL
En los últimos años, los medios de comunicación
han brindado mucha atención a los casos de VIH/SIDA, dejando
de lado a otras enfermedades de transmisión sexual, las cuales
tienen una alta incidencia en nuestras sociedades. Una de estas
enfermedades es el herpes genital.
Herpes simple es el nombre genérico de dos infecciones causadas
por dos formas del mismo virus: Herpesvirus simple 1 y Herpesvirus
simple 2. El primero es la causa común de los fuegos en los
labios o en el interior de la boca, el segundo ocasiona el herpes
genital.
Ambas formas del virus se transmiten por contacto sexual, aunque
es menos frecuente que ocurra el contagio cuando la persona infectada
pasa por un periodo asintomático. No obstante, la persona
infectada puede transmitir el virus aun sin experimentar los síntomas
que caracterizan esta enfermedad. Esto hace del herpes genital un
miembro más del grupo de Enfermedades de Transmisión
Sexual (ETS) que pueden infectar a otra persona sin presentar síntomas
o lesiones en la piel.
En la fase activa del virus del herpes genital, aparecen pequeñas
ampollas dolorosas en los órganos genitales y en las zonas
circundantes, como el ano
o el cuello
uterino en la mujer. Estas ampollas se
revientan, se secan y se forman costras al cabo de unos días.
Estas ampollas pueden estar acompañadas de picazón
en las zonas afectadas, fiebre, dolor al orinar, malestar general
e inflamación de los ganglios en la ingle.
El herpes genital no tiene cura. Una vez que invade el cuerpo,
nunca más lo abandona. El virus se presenta en dos etapas,
una inactiva y otra activa. Los periodos de inactividad pueden ser
relativamente prolongados (un año o más) o muy cortos
(de 4 a 6 semanas). Con la ayuda de algunos medicamentos los ataques
tienden naturalmente a volverse menos frecuentes. Uno de estos medicamento
es el Aciclovir en forma oral y en forma de ungüento.
La forma oral previene los ataques mientras que el ungüento
atenúa los ataques.
El empleo de condones reduce en cierta medida el riesgo de contagio,
pero no en su totalidad ya que la piel cerca de la zona infectada
puede verse infectada al tener contacto con los líquidos
que emanan de las ampollas. Por eso se recomienda abstenerse de
cualquier contacto sexual durante la fase activa de la enfermedad,
ya que el riesgo de contagio es elevado.
En el caso de una mujer embarazada infectada con el virus del herpes
genital, es muy posible que el bebé contraiga la enfermedad
por su paso por la vagina
durante el parto. Una infección
de esta índole en un recién nacido podría traer
consecuencias muy graves, inclusive la muerte. En estos casos es
muy probable que el médico al percatarse de las lesiones
causadas por el virus, practique una cesárea para evitar
que el bebé sea contagiado.
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